
No deja de sorprender la cantidad de personas que presentan sus productos o servicios, la cantidad empresas, la cantidad de profesionales, que a través de mails, blogs, redes sociales, webs y hasta tarjetas personales, omiten información fundamental o la colocan en lugares a los que se llega muy tarde o no se llega.
La creatividad, el estilo, la actitud con la que nos presentemos o presentemos cosas, quedan opacados si mi lector no encuentra el mail o el teléfono para ponerse en contacto. Por eso, LO BÁSICO. En eso tenemos que pensar primero. ¿Y qué es lo básico? Que el lector encuentre con suma facilidad, intuitivamente y rápido: quién soy, qué hago o qué le ofrezco, dónde me ubico y cómo me contacta.
Estamos tan acostumbrados a leer rápido y tantas cosas diversas, que más que leer intuimos. Entonces con solo entrar en una web o en un blog, por ejemplo, sabemos de qué se trata y si nos interesa o no. Ese efecto no es casual ni puramente de sensación personal, mucho tiene que ver la estética que propone. Pero solo una estética que incluya la información básica puede lograr una comunicación eficiente.
He recibido una tarjeta de invitación a un evento cultural de importante museo auspiciado por tres importantes empresas en la que no se informa la hora del evento. He recibido un curriculum vitae sin teléfono de contacto. He leído un folleto de un estudio de diseño (muy pero muy lindo, por cierto) que es un panfleto dadaísta pero nada dice acerca de lo que hacen, ni dónde, ni por qué contactarlos.
Por eso: REVISAR y mejor: QUE OTRO REVISE. Dar respuesta a la pregunta simple: ¿Esta pieza de comunicación, electrónica o en papel, tiene toda la información que necesita el lector para contactarme, asistir al evento, llamarme si le interesa lo que hago, reenviar o recomendar, etc.?
Comunicar es ante todo tener la disciplina para comunicar.
Foto: Salvador Dalí